No hace falta levantarse a las cinco de la mañana ni meditar una hora. Basta con despertarse 10 minutos antes y usarlos para ti: un vaso de agua, abrir la ventana, estirarte mientras se hace el café. Sin mirar el móvil hasta terminar.
Empezar el día eligiendo tú los primeros minutos — en vez de reaccionar a notificaciones — cambia el tono de todo lo que viene después. Y como son solo 10 minutos, es un hábito que sobrevive incluso a las semanas malas.
Empieza hoy: pon el despertador diez minutos antes. No para hacer más — para correr menos.