La remolacha tiene fama de complicada, y no lo es. Es dulce, va bien en ensalada o al horno, y da color a cualquier plato. El único «pero» —que lo mancha todo de rosa— tiene truco fácil.

Asada gana a cocida. Envuélvela con piel en papel de aluminio y al horno hasta que un cuchillo entre sin esfuerzo: así concentra su dulzor en vez de soltarlo al agua. Cocida es más rápida, pero pierde sabor. Y cruda, rallada en ensalada, cruje y está buenísima.

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¿Sabías que...? Ese rojo tan intenso son las betalaínas, el mismo pigmento que la industria usa como colorante natural (el E-162, «rojo de remolacha»). Por eso tiñe tanto: es literalmente tinte.

Para no acabar con las manos y la tabla rosas, córtala sobre un plato en vez de la tabla de madera, o usa unos guantes finos. Si te salpica la ropa, agua fría enseguida, nunca caliente. Y un chorrito de limón al cocerla ayuda a que no destiña tanto.

A partir de ahí es de las verduras más agradecidas. En dados con queso fresco y nueces, rallada con zanahoria y un poco de naranja, o en tacos al horno junto a otras verduras. Su punto dulce equilibra lo salado y levanta la ensalada más sosa.

Empieza hoy: una remolacha al horno con piel mientras haces otra cosa. Cuando enfríe, en dados sobre cualquier ensalada.

Cocina Para empezar

Preguntas frecuentes

¿Es mejor la remolacha cocida o asada?

Asada, con piel y envuelta en papel de aluminio: concentra su dulzor en vez de soltarlo al agua. Cocida es más rápida, pero pierde sabor.

¿Cómo evito que la remolacha lo manche todo de rosa?

Córtala sobre un plato en vez de la tabla de madera, o usa guantes finos. Si mancha la ropa, agua fría enseguida, nunca caliente.

¿Se puede comer la remolacha cruda?

Sí. Rallada en ensalada queda crujiente y dulce; no hace falta cocerla.