Colgar el abrigo, fregar la taza, contestar ese mensaje pendiente. Cualquier tarea que tarde menos de dos minutos se hace en el momento, sin apuntarla ni posponerla. Es una regla clásica de productividad que funciona igual de bien para el bienestar.
¿Sabías que...? La regla la popularizó David Allen en su método GTD (2001): si algo tarda menos de dos minutos, hacerlo ya cuesta menos que apuntarlo, recordarlo y volver a él más tarde.
El beneficio no es solo el orden: es dejar de cargar con decenas de microtareas pendientes que ocupan espacio mental. Cada cosa pequeña que resuelves al instante es una cosa menos zumbando en tu cabeza al final del día.
Empieza hoy: lo próximo que tarde menos de dos minutos, hazlo en el momento. Nota cómo desaparece de tu cabeza.